Existe una narrativa muy extendida sobre la maternidad: que es instintiva, que viene sola, que desde el primer momento sabes qué hacer y que el amor lo puede todo.
Y sí — el amor es real. Pero también lo es el agotamiento. La pérdida de identidad. La sensación de que ya no sabes quién eres por fuera del rol de mamá. La culpa cuando no disfrutas un momento que "debería" ser perfecto.
El mito de la maternidad perfecta
Nadie habla de la soledad que puede sentirse en medio de una habitación llena de personas que te felicitan. De los días en que extrañas tu vida anterior y luego te sientes terrible por haberlo pensado. De la presión de hacer todo "bien" en un momento en que nadie te enseñó cómo.
Todo eso es real. Y tiene un nombre: no es que seas mala madre. Es que estás siendo humana en un proceso que exige demasiado y ofrece muy poco acompañamiento emocional.
Lo que sí puedes hacer
Acompañarte en la maternidad no significa que no puedas sola. Significa que mereces un espacio donde ser honesta sobre lo que sientes — sin juicio, sin filtros, sin tener que parecer que todo está bien.
En mis procesos de acompañamiento en maternidad trabajamos exactamente eso: tu identidad, tu historia, tu cuerpo, tu vínculo. Desde adentro hacia afuera.